Hacer una pasantía en el extranjero ¡Atrévete a más!

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¿Cuántas veces no hemos dejado de intentar algo por miedo o simplemente porque alguien nos dijo que eso es imposible? Seguramente más de alguna vez. Hoy te reto a dejar tu zona de confort...

Te reto a hacer caso omiso a las palabras de desánimo de los demás y a seguir lo que indica tu corazón.

Las pasantías son una experiencia que ha transcendido en los últimos años, no sólo porque les da a los jóvenes la oportunidad de realizar  sus prácticas profesionales en una empresa donde puedan potenciar sus habilidades y conocimientos aprendidos en la universidad; sino que también porque esto se convierte en un reto para las empresas. La mayoría de empresas que actualmente ofrecen prácticas profesionales a los jóvenes, lo hacen bajo un programa de pasantías muy bien establecido.

Es importante saber que muchos estudiantes realizan pasantías porque es un requisito para poder graduarse, sin embargo otros (mi caso personal), realizan pasantías para obtener más experiencia en su campo. Es por eso que te contaré detalladamente mi experiencia.

Desde diciembre del año pasado venia rondando en mi cabeza la idea de hacer una pasantía o práctica profesional.Comencé a investigar sobre pasantías donde pudiera poner en práctica lo que sé hacer y lo que he aprendido en la universidad estos años. Siendo una joven soñadora del interior del país, mis planes era realizarlas en San Salvador, la capital de El Salvador, pero en los planes de Dios estaba la capital de los Estados Unidos.

A inicios de febrero, se dio la oportunidad de irme como pasante de las Naciones Unidas a Bonn, Alemania. Nunca antes había estado tan emocionada, la sola idea de ir a Alemania me volvía loca. Sin embargo, las cosas no se dieron y aunque al principio lloré, hoy me doy cuenta que la voluntad de Dios siempre será mejor que la nuestra. El no haberme podido ir para Alemania, me motivó aún más aplicar a una pasantía en Washington, DC, de la cual me había dado cuenta porque mejor amigo me etiquetó en un comentario.

Es así como después de pensarlo muy bien y hablarlo con mis padres decidí a finales de ese mes, aplicar al programa de pasantías de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Al principio dudé en enviar mi solicitud, pero una voz interior me decía que yo no perdía nada con intentarlo y que era peor si me quedaba con la duda de saber qué pudo haber pasado si no la enviaba.

Al final me decidí, preparé toda la documentación requerida y el día que cerraba la convocatoria envié mi aplicación (la cual fue la 12,068).Debo admitir que esperé la respuesta por más de dos meses. Revisaba mi correo todos los días, pero el día menos esperado me escribieron del Departamento de Recursos Humanos de la OEA, ese día me sentí tan feliz, como no me había sentido en mucho tiempo.

Había pasado la primera de las diferentes fases que debía atravesar. En primera instancia me entrevistó el Departamento de Recursos Humanos pues estaban necesitando un pasante para el área de comunicaciones del departamento.Yo no sabía que más de un departamento podía pre seleccionarnos. Lo supe al día siguiente cuando que me contactó el Trust for the Americas, quienes también estaban interesados en mi perfil. Sentí que mí entrevista con ellos había sido muy buena, sin embargo, dos semanas después me notificaron que no había sido seleccionada. Lloré mucho pero traté de aceptarlo con resignación.

Creí que el sueño de la OEA había acabado, pero pasó algo inesperado ¿Qué creen? Sí, un tercer departamento me contactó: el Departamento de Iniciativas Estratégicas y Diplomacia Pública en el que finalmente fui seleccionada como pasante.Y es así como inició una de las experiencias más gratificantes que he tenido hasta hoy. Después de eso se vino un reto aún más grande: reunir el dinero para vivir por 3 meses en Washington, DC.

El hecho de que las pasantías no son remuneradas, implicaba que tenía que reunir una muy buena cantidad de dinero para cubrir los gastos durante mi estancia en los Estados Unidos. Quizá se imaginarán que provengo de una familia acomodada y que ese fue un tema fácil de resolver. Pues no, mi padre es músico y mi mamá una comerciante que vende comida típica todos los días en la colonia. No teníamos el dinero que se necesitaba para cubrir esos gastos.

Yo siempre he luchado por lo que anhelo, por eso no desistí. Comencé a buscar ayuda con diferentes personas y empresas tanto dentro como fuera del país. Redacté decenas de cartas pidiendo ayuda, hice muchas llamadas, anduve de arriba para abajo, en el proceso lloré, tuve miedo, y aunque no todas las personas a las que recurrí pudieron ayudarme ¡Lo logré!  

No fue nada fácil, al principio sentía pena pero sabía que esta era una oportunidad que no debía dejar pasar. Mi familia fue un apoyo incondicional, pues algunos tíos viven en Washington DC y en otros estados cercanos y ellos me tendieron la mano desde el principio y me acompañaron hasta el final de esta aventura. 

Si tú quieres hacer una pasantía en el extranjero ¡No desistas!, el dinero no siempre es el mayor obstáculo para cumplir tus sueños; a veces es la falta de confianza en sí mismo, la desesperanza, el “qué dirán”. Anímate y no tengas miedo ¡Haz que el miedo te tenga miedo a ti!


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Fabiola Alfaro

Soy una joven que ha encontrado en las comunicaciones su pasión y la forma de ayudar a otros.


 

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