LAS DESVENTAJAS DE SER “EL BUENO DE LA OFICINA”

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Nunca dices que no, evitas la confrontación y rara vez muestras tu desacuerdo ¿Te identificas? Lee esto

Una persona respetuosa y amable siempre es bien vista y a menudo apreciada por muchos. La habilidad para relacionarse con la gente es una cualidad que puede ser muy valiosa en el ámbito laboral, sin embargo ¿cuál es el límite entre ser buena gente y dejar que otros se aprovechen de ti? ¿En qué momento una postura muy complaciente puede afectar tu crecimiento profesional?

¿Eres “el buena onda” de tu oficina?

Querer agradar no es ningún crimen. Somos seres sociales y las relaciones interpersonales son muy importantes para nuestro bienestar en todos los ámbitos. Para todo trabajador sentirse apreciado, valorado y tomado en cuenta es muy importante, y a menudo buscamos nuestro lugar siendo cordiales y mostrando disposición.

Puedes ser “el buena onda” de tu trabajo si:

Es muy importante para ti la percepción que tienen tus colegas de ti. Eres amable con todos y cuando alguien tiene una mala actitud contigo de inmediato te preguntas ¿qué le hice? ¿Por qué se porta así conmigo?

Te cuesta mucho decir ‘no’. Puedes tener saturada tu agenda, pero si te piden un favor o una entrega ‘urgente’ seguramente trabajarás a marchas forzadas para cumplir.

Estás en una reunión con tu jefe y se están tomando decisiones. Algunos planteamientos que hace tu superior no son los indicados, pero tú no expresas tu desacuerdo.

Nunca pides lo que necesitas: un aumento, un nuevo equipo de cómputo, tus vacaciones. Esperas que te lo den como reconocimiento y mientras, otros obtienen lo que tú no te atreves a pedir.

Las palabras ‘confrontar’ o ‘discutir’ te hacen temblar, prefieres callar antes que manifestar un punto de vista diferente al de los demás.

A menudo das la impresión de ser débil. Nadie confiará un puesto de liderazgo a una persona incapaz de comunicar sus ideas de manera directa y cuestionar a otros.

Pones las necesidades de otros antes que las tuyas. Mientras estás ayudando a alguien más con sus proyectos e intereses, los tuyos quedan al final en tu lista de prioridades.

Valoras tan poco tus buenas ideas, que no las compartes. Tienes una clara visión de qué cambios son necesarios y qué estrategias darían mejores resultados, pero si jamás alzas la mano, nadie lo sabrá. Y no te sorprenda que alguien más reciba el reconocimiento por ‘tu idea’.

Permites que otros abusen de ti. Una persona demasiado complaciente no es respetada. Los demás la miran como alguien a quien se puede manejar y que carece de carácter. Querrán obtener mucho de ti, pero cuando necesites de ellos dirán ‘no puedo’.

Asumes una postura pasiva. Al no hablar, no confrontar y no cuestionar asumes una postura cómoda. Das por hecho que el cambio es algo imposible ‘De nada sirve decirlo, nada va a cambiar’ es tu argumento favorito, pero jamás lo has intentado. Parece contradictorio, pero un sistema rígido tiene hambre de gente que llegue a plantear nuevas posibilidades.

Cómo dejar de ser “el buena onda”

La estrategia no es que te conviertas en una persona déspota, fría y calculadora. Si de manera natural eres conciliador, amable y respetuoso ¡conserva esos atributos! Pero explótalos a tu favor.

Recupera el respeto de tus colegas. Practica el auto respeto. Dale valor a lo que haces, no lo veas como la contribución menos importante. Cree en la calidad de tu trabajo y comunica tus logros. Aprovecha juntas, reuniones o un simple correo para compartir con otros las metas alcanzadas.

¿Te pidieron un favor? Di que No. La gente no está acostumbrada a tu negativa, y no lo estará hasta que no la practiques. La próxima vez que te llegue una ‘solicitud urgente’ de alguien que no sea tu jefe y que te quite tiempo para tus tareas prioritarias responde: “Claro que puedo ayudarte, pero ¿sabes? Tengo una entrega importante que me tiene ocupado. Te lo entregaría en 2 semanas”. También puedes empezar con un “Déjame revisar mis pendientes y te aviso”.

Contribuye sin sacrificarte. Puedes ayudar a otros y ser apreciado sin necesidad de ponerte a su disposición. En lugar de ofrecerte a hacer el trabajo de otros comparte recursos útiles que les ayuden a realizar la tarea.

Pide algo a cambio. Dar y recibir es mucho más equilibrado que solo dar. La próxima vez que alguien te pida ayuda, aprovecha la ocasión y pídele algo que te pueda facilitar a ti una tarea. Ese es un excelente filtro: conocerás qué personas están dispuestas a ser recíprocas y quienes solo se aprovechan. Los abusivos no volverán a pedirte algo.

Habla de tus necesidades. Piensas que mereces que valoren tu trabajo. Agenda una reunión con tu jefe, prepara argumentos sólidos sobre tu desempeño y pide ¿Qué puedes perder?

 

ESCRITO POR:

SALVADOR SÁNCHEZ

Texcoco, Estado de México, México.

Mi nombre es Salvador Sanchez, tengo 23 años de edad y actualmente resido
en la Ciudad de México. Soy Licenciado en Derecho por elección y amante de
la justicia y lo correcto por vocación, me gusta escribir artículos de
cualquier índole como una forma mas de poder expresarte y lograr transmitir
conocimientos a través de experiencias personales y profesionales. 


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